Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Bueno, no sé – dijo lentamente –. Yo no dije con seguridad que Matthew y yo hubiéramos decidido completamente que no podíamos quedarnos con ella. En verdad, puedo decir que Matthew está predispuesto a quedarse con la niña. Yo sólo vine a ver cómo había ocurrido el error. Será mejor que la vuelva a llevar a casa y lo discuta con mi hermano. Creo que no debo decidir nada sin consultarle. Si decidimos no quedarnos con ella, la traeré o se la mandaré mañana por la noche. Si no ocurre así, es que se queda. ¿Le parece bien, señora Blewett?.
- Supongo que sí.
Durante el discurso de Marilla, el sol había salido en la cara de Ana. Primero se desvaneció la mirada de desesperación; luego alumbró débilmente la esperanza; sus ojos brillaron como estrellas. La niña estaba casi transfigurada, y cuando la señora Spencer y la señora Blewett salieron en demanda de la receta de cocina que esta última había venido a buscar, cruzó la habitación de un salto en dirección a Marilla.
- Oh, señorita Cuthbert, ¿de verdad ha dicho que quizá me dejarían quedarme en “Tejas Verdes”? – murmuró, como si hablando en alta voz pudiera romper esa hermosa posibilidad –. ¿Lo dijo usted en realidad, o sólo fue mi imaginación?.