Ana de las Tejas Verdes

Sólo te pido que seas tan buena y amable con ella como puedas serlo sin malcriarla. Me parece que esta niña es de la clase de personas de las que se puede obtener casi cualquier cosa con sólo conseguir que te quieran.

Marilla lanzó un bufido para expresar así su desprecio por las opiniones de Matthew respecto a asuntos femeninos y salió con los baldes.

- No le diré todavía que puede quedarse – reflexionó mientras llenaba las lecheras –. Se excitaría tanto que no podría dormir. Marilla Cuthbert, te has entusiasmado. ¿Has pensado alguna vez que llegaría el día en que adoptarías una huérfana de un asilo? Sí que es una sorpresa; pero más lo es que Matthew sea el causante; él, que siempre pareció tener un miedo mortal a las niñas. De cualquier modo hemos decidido probar. Y sólo Dios sabe lo que saldrá de todo esto.

CAPÍTULO SIETE

Ana dice una oración

Cuando Marilla llevó a Ana a la cama, le dijo firmemente:

- Escucha, Ana, he notado que anoche al desnudarte esparciste tu ropa por todo el piso. Es una costumbre muy fea y no puedo permitirla. En cuanto te quites una prenda de vestir, la doblas cuidadosamente y la colocas sobre la silla. No me agradan en absoluto las niñas que no son pulcras.

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