Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Es una aflicción terrible para el pobre papá —dijo Trix, dirigiéndose al doctor Carter desde el otro lado de la mesa—. Y eso que sólo tiene sesenta y ocho años.
Dos hendiduras blancas aparecieron alrededor de las fosas nasales de Cyrus Taylor cuando oyó que habÃan agregado seis años a su edad. Pero permaneció en silencio.
—Es un inmenso placer comer algo decente —dijo Pringle en voz clara y audible—. ¿Qué pensarÃa usted, doctor Carter, de un hombre que obliga a su familia a vivir de fruta y huevos, nada más que fruta y huevos, porque a él se le antoja?
—¿Su padre…? —comenzó a decir el doctor Carter, desconcertado.
—¿Qué pensarÃa de un marido que mordió a su mujer cuando ella puso cortinas que a él no le gustaban… que la mordió deliberadamente? —preguntó Trix.
—Hasta hacerle sangre —añadió Pringle, solemne.
—¿Me está diciendo que su padre…?
—¿Qué pensarÃa de un hombre que rasga un vestido de seda de su esposa nada más que porque no le gusta la hechura? —dijo Trix.
—¿Y qué pensarÃa de un hombre que no permite a su mujer tener un perro? —añadió Pringle.