Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Lo ha estado pasando con su hijo, en San Francisco, y temo que haya otro terremoto antes que pueda salir de allÃ. De todos modos, seguro que intentará traer mercaderÃa de contrabando y tendrá problemas en la frontera. Cuando se viaja, si no es una cosa es la otra. Pero la gente se enloquece por viajar. Mi primo Jim Bugle pasó el invierno en Florida. Me temo que se está volviendo rico y frÃvolo. Le dije antes de que partiera, le dije… recuerdo que fue la noche antes de que muriera el perro de los Coleman… ¿o no? SÃ, fue entonces. «El orgullo va delante de la destrucción, y un espÃritu altanero, delante de una caÃda», le dije. Su hija enseña en la escuela del Camino Bugle y no puede decidir a qué pretendiente aceptar. «Hay una cosa que te puedo asegurar, Mary Anatta», le dije, «y es que nunca conseguirás al que más quieres. De modo que te conviene aceptar al que te quiera, si tienes la seguridad de que te quiere». Espero que elija mejor que Jessie Chipman. Me temo que se casará con Oscar Green porque es gordo. «¿Eso es lo que elegiste?», le pregunté. Su hermano murió de tuberculosis. «Y no te cases en mayo», le advertÃ, «pues es un mes que trae mala suerte».
—¡Qué alentadora! —exclamó Rebecca Dew. HabÃa traÃdo un plato de pastelillos.
La prima Ernestina pasó por alto el comentario de Rebecca Dew, y se sirvió una segunda porción de peras.