Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos Hay tantos Bugle en el mundo, no todos tan sumidos en su «buglismo» como la prima Ernestina, quizá, pero hay tantos aguafiestas que temen disfrutar del hoy por lo que pueda traer el mañana.
Gilbert, mi vida, no tengamos nunca miedo de las cosas. Es una esclavitud tan terrible. Seamos osados, aventureros y expectantes. Salgamos bailando al encuentro de la vida y de lo que nos pueda traer, aunque nos traiga montañas de problemas, tifus ¡y mellizos!
Hoy fue un día salido de junio y caído en abril. La nieve ha desaparecido y los prados y las colinas doradas cantan la primavera. El Rey de las Tormentas estaba embanderado con una ligerísima bruma violeta. Hemos tenido mucha lluvia últimamente y disfruté mucho sentada en la torre durante las silenciosas horas mojadas de los atardeceres. Pero esta noche es una noche apresurada… hasta las nubes que corren por el cielo tienen prisa, y la luz de la luna que asoma entre ellas está apurada por inundar al mundo.
Supongamos, Gilbert, que esta noche estuviéramos caminando, tomados de la mano, por uno de los largos caminos de Avonlea…
Gilbert, me temo que estoy escandalosamente enamorada de ti. ¿No te parece irreverente, verdad? Pero, bueno, no eres un ministro de la Iglesia.