Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos El viaje desde Blight River hasta Tejas Verdes, por un camino como solamente la isla Príncipe Eduardo en verano puede mostrar, fue para Elizabeth algo casi tan fabuloso como había sido para Ana aquella memorable tarde de primavera tantos años atrás. El mundo era hermoso, con praderas ondeadas por el viento a cada lado, y sorpresas a la vuelta de cada curva. Estaba con su querida señorita Shirley; se vería libre de la «mujer» por dos semanas enteras; tenía un vestido nuevo rosado a cuadritos, y un par de preciosas botitas marrones. Era casi como si el Mañana hubiera llegado… con catorce Mañanas siguiéndolo. Los ojos de Elizabeth brillaban de sueños cuando tomaron por el sendero de entrada de Tejas Verdes, donde crecían las rosas silvestres.
Para Elizabeth, las cosas parecieron cambiar mágicamente en cuanto llegó a Tejas Verdes. Durante dos semanas, vivió en un mundo de romance. No se podía salir de la puerta sin meterse dentro de algo romántico. En Avonlea, las cosas sucedían… si no era hoy, entonces mañana. Elizabeth sabía que todavía no había entrado del todo en el Mañana, pero era consciente de que estaba a unos pasos de él.