Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos «Me pregunto si alguna vez volveré a pasar quince dÃas tan felices», pensó Elizabeth mientras se alejaba de Tejas Verdes. El camino a la estación seguÃa tan hermoso como dos semanas atrás, pero ella estaba cegada por las lágrimas.
—No hubiera creÃdo que se pudiera extrañar tanto a una criatura —suspiró la señora Lynde.
Después de haberse ido Elizabeth, Katherine Brooke y su perro vinieron a pasar el resto del verano. Katherine habÃa renunciado a su puesto en la escuela al finalizar el año, y tenÃa pensado ir a Redmond en el otoño para seguir un curso de secretariado en la Universidad de Redmond. Ana se lo habÃa aconsejado.
—Sé que te gustará… El trabajo de maestra nunca te ha gustado —dijo Ana una tarde, cuando sentadas entre unos helechos en un rincón de la pradera, contemplaban las glorias del crepúsculo.
—La vida me debe algo más que lo que me ha pagado, y me lo voy a cobrar —aseguró Katherine en tono decidido—. Me siento mucho más joven que a estas alturas del año pasado… —añadió, riendo.
—Estoy segura de que es lo mejor para ti, pero no me gusta pensar en Summerside y en la escuela sin ti. ¿Cómo será la habitación de la torre el año que viene, sin nuestras conversaciones nocturnas, nuestras discusiones y nuestras horas de tonterÃas, cuando convertÃamos todo y a todos en una broma?