Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos Pero me encanta Álamos Ventosos. No es una pensión… ¡es un hogar! Y les caigo bien a todos… hasta a Dusty Miller, aunque a veces me censura y lo demuestra sentándose deliberadamente de espaldas a mí y dirigiéndome una ocasional mirada por encima del hombro para ver cómo lo estoy tomando. No lo acaricio mucho cuando Rebecca Dew está cerca, porque realmente le fastidia. De día es un animal tranquilo, hogareño, meditabundo… pero es decididamente una criatura extraña de noche. Rebecca opina que se debe a que nunca se le permite quedarse fuera una vez que ha oscurecido. Ella detesta salir al jardín a llamarlo. Dice que los vecinos se reirán de ella. Lo llama en tonos tan feroces y estentóreos, que en verdad deben de oírla por toda la ciudad en las noches serenas cuando grita: «Michi», «Michi». ¡Michi!… A las viudas les daría un berrinche si Dusty no estuviera dentro cuando se van a dormir.
«Nadie sabe lo que he pasado por culpa de “ese gato”… nadie», me ha asegurado Rebecca.