Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos «Imagine lo que será remojarse en una bañera de oro, señorita Shirley», me comentó una vez, con melancolía.
Pero en realidad es un encanto. Hizo aparecer de algún lado un sillón cómodo tapizado en brocado descolorido, que se amolda justo a mi cuerpo, y dijo:
«Éste es su sillón. Se lo guardaremos».
Y no deja que Dusty Miller duerma allí, por temor a que queden pelos en la falda que uso para la escuela, y que los Pringle tengan algo de qué hablar. Las tres están muy interesadas en mi anillo de perlas… y en lo que significa. La tía Kate me enseñó su anillo de compromiso (no lo puede usar porque le queda pequeño), con turquesas engarzadas. Pero la pobre tía Chatty me confesó con lágrimas en los ojos que nunca tuvo anillo de compromiso… su marido lo consideraba «un gasto innecesario». Ella estaba en mi habitación en aquel momento, humedeciéndose la cara con suero de leche. Lo hace todas las noches para protegerse el cutis, y me ha hecho jurar que guardaré el secreto, pues no quiere que se entere la tía Kate.