Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos La señorita Minerva sale muy poco, solamente va a la iglesia anglicana; la conocí la semana pasada, cuando vino a una reunión de maestros y tutores para donar la valiosa biblioteca de su padre a la escuela. Tiene el aspecto exacto que se esperaría de una Minerva Tomgallon: alta y delgada, con cara larga, angosta y pálida, nariz larga y delgada y boca larga y delgada. Esto no suena muy atractivo; sin embargo, la señorita Minerva es muy agradable en un estilo digno y aristocrático, y siempre está vestida con ropa sumamente elegante, aunque algo anticuada. Era una belleza cuando era joven, me cuenta Rebecca Dew, y sus grandes ojos negros todavía tienen fuego y brillo. No sufre de timidez para hablar y creo que nunca he visto a nadie disfrutar tanto al hacer un discurso de presentación. La señorita Minerva se mostró muy amable conmigo, y ayer recibí una nota formal en la que me invitaba a cenar con ella. Cuando se lo conté a Rebecca Dew, abrió los ojos como si hubiera sido invitada al Palacio de Buckingham.