Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

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CAPÍTULO ONCE Realidad y fantasía

Enseñar es realmente una tarea muy interesante —escribió Ana a una compañera de la Academia de la Reina—. Jane dice que le resulta monótono, pero a mí me parece todo lo contrario. Cada día hay casi la seguridad de que ocurra algo gracioso y los niños dicen cosas muy divertidas. Jane dice que castiga a sus discípulos cuando dicen gracias y probablemente por ello encuentra monótona la tarea. Esta tarde, el pequeño Jimmy Andrews estaba tratando de deletrear jaspeado sin conseguirlo. «Bueno», dijo finalmente, «no puedo deletrearlo pero sé lo que significa».

«¿Qué?», le pregunté.

«La cara de St. Clair Donnell, señorita».

Es verdad que St. Clair es muy pecoso, pero trato de impedir que los demás lo comenten, porque yo era pecosa antes y bien que lo recuerdo. Pero no creo que a St. Clair le importe. Si le pegó a Jimmy en el camino cuando volvían a sus casas, fue porque lo llamó St. Clair. Me enteré de la paliza, pero no oficialmente, de modo que no me di por enterada.

Ayer estaba tratando de enseñar a sumar a Lottie Wright. Le dije: «Si tú tienes tres caramelos en una mano y dos en la otra, ¿cuántos tendrías entre todos?».

«Un bocado», dijo Lottie.


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