Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea Esta extraordinaria carta me confundió enormemente. Estaba tan segura de que Annetta no podía haberla escrito como que no podía volar. Cuando fui a la escuela al día siguiente, paseé con ella hasta el arroyo durante el recreo y le pedí que me dijera la verdad sobre la carta. Annetta lloró y confesó claramente. Dijo que nunca había escrito una carta y que no sabía cómo hacerlo o qué decir, pero que había un paquete de cartas de amor en el cajón de arriba de la cómoda de su madre, escritas por un viejo pretendiente.
«No era papá», sollozó Annetta, «era uno que estudiaba para pastor y por eso podía escribir cartas tan encantadoras pero después de todo mamá no se casó con él. Pero yo pensé que las cartas eran hermosas y que podía copiar algunas cosas y escribírselas a usted. Puse «maestra» donde decía «señora», agregué algo de mi parte y cambié algunas palabras. Puse «vestido» en lugar de «humor». No sabía bien lo que quería decir «humor» pero supuse que era algo para ponerse. No creí que usted notaría la diferencia. No veo cómo pudo darse cuenta que no era mía del todo. Usted debe ser terriblemente inteligente, señorita».
Le dije a Annetta que estaba muy mal copiar una carta ajena y hacerla pasar por propia. Pero temo que lo único que Annetta sienta es haber sido descubierta.