Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea »Usted dijo que podíamos escribir sobre una visita. Yo sólo hice una visita una vez. Fui a ver a mi tía Mary el invierno pasado. Mi tía Mary es una mujer muy especial y una gran ama de casa. La primera noche que estuve allí tomamos té. Yo golpeé un porrón y lo rompí. Tía Mary dijo que tenía ese porrón desde que se casó y que nunca se había roto. Cuando nos levantamos, le pisé el vestido y se soltaron todos los frunces de su falda. A la mañana siguiente cuando me levanté golpeé el cántaro contra la palangana y la rajé y durante el desayuno volqué una taza de té sobre el mantel. Cuando estaba ayudando a tía Mary a fregar, dejé caer un plato de porcelana y se rompió. Esa tarde me caí por la escalera y me torcí un tobillo y tuve que quedarme en cama una semana. Oí que la tía Mary le decía a tío José que era una suerte porque de lo contrario hubiera roto toda la casa. Cuando mejoré ya era tiempo de irme a casa. Las visitas no me gustan mucho. Me gusta más ir a la escuela, especialmente desde que llegué a Avonlea.
»Sinceramente suya,
»Barbara Shaw».
La de Willie White comienza así:
«Estimada señorita: