Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea Ana, camino a «La Cuesta del Huerto», se encontró con Diana que corría hacia «Tejas Verdes», justo donde el musgoso y viejo puente cruzaba el arroyo detrás del Bosque Embrujado. Ambas se sentaron al margen de la Burbuja de la Dríada, donde los menudos abetos se desplegaban cual diminutas hadas de cabellos verdes que despertaran de un sueño.
—Justamente iba a invitarte para la celebración de mi cumpleaños el sábado próximo —dijo Ana.
—¿Tu cumpleaños? ¡Pero si fue en marzo!
