Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea Ana fue de compras a Carmody la tarde siguiente y llevó a Diana Barry consigo. Diana era, desde luego, un miembro activo de la Sociedad de Fomento y las dos muchachas no hablaron de otra cosa durante el viaje.
—Lo primero que debemos hacer tan pronto empecemos es pintar —dijo Diana cuando pasaron frente al salón de actos de Avonlea, un edificio algo desaseado construido en una hondonada del bosque, con abetos a su alrededor—. Es un lugar de aspecto desagradable y debemos arreglarlo antes de que consigamos que el señor Levi Boulter derribe la casa. Papá dice que no tendremos éxito en eso. Levi Boulter es demasiado mezquino para gastar su tiempo en esas pequeñeces.
—Quizá deje que los muchachos la derriben si le prometen cargar las planchas y hacer leña con ellas —dijo Ana esperanzada—. Debemos hacer cuanto podamos y contentarnos con ir lentamente al principio. No podemos esperar que todo salga bien de improviso. Debemos educar primero el sentimiento popular.
Diana no estaba muy segura de qué significaba exactamente eso de educar el sentimiento popular, pero sonaba bien y se sentÃa orgullosa de pertenecer a una sociedad que tenÃa tales miras.
