Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea El último dÃa de clase llegó y pasó. Se llevó a cabo un triunfal «examen semestral» y los alumnos de Ana se comportaron espléndidamente. Al terminar, le dijeron un discurso y le regalaron un escritorio. Todas las chicas lloraron y se rumoreó que algunos de los chicos también, aunque siempre lo negaron.
Las esposas de Harmon Andrews, de Peter Sloane y de William Bell volvieron juntas a casa, comentando los acontecimientos.
—Creo que es una lástima que Ana se vaya, cuando los pequeños están tan apegados a ella —suspiró la señora de Peter Sloane, que tenÃa costumbre de suspirar por todo, hasta por los chistes—. Pero también —añadió apresurada— me he enterado de que el año próximo tendremos una buena maestra.
—Estoy segura de que Jane cumplirá con su deber —dijo la señora Andrews, algo estirada—. No creo que pase todo el tiempo contándoles cuentos de hadas a los niños o vagando por los bosques con ellos. Pero su nombre figura en la Lista de Honor del Inspector y la gente de Newbridge está muy triste por su partida.
—Me alegra de verdad que Ana vaya a la universidad —dijo la señora Bell—. Siempre lo quiso y será muy bueno para ella.
