Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPÍTULO VEINTINUEVE Poesía y prosa

Durante el mes siguiente, Ana vivió en medio de lo que para Avonlea significaba un remolino de excitación. Los preparativos de su modesta partida a Redmond pasaron a un segundo plano. La señorita Lavendar se estaba preparando para su boda y la casa de piedra era el escenario de infinitas consultas, planes y discusiones, con Charlotta IV que revoloteaba por todos lados presa de delicia y expectativa. Luego vino la modista y entonces comenzó la tarea de elegir modelo y tomar medidas. Ana y Diana pasaban la mitad de su tiempo en «La Morada del Eco» y hubo noches en las que Ana no pudo dormir pensando si había hecho bien en aconsejarle a la señorita Lavendar el color marrón en vez del azul marino para su vestido de viaje.

Todos los que participaban de la aventura de la señorita Lavendar estaban muy contentos. Paul Irving corrió a «Tejas Verdes» a comentar las nuevas con Ana, no bien su padre se las hubo notificado.





👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker