Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea Una tarde, al caer el sol, Jane Andrews, Gilbert Blythe y Ana Shirley vagaban junto a una cerca a la sombra de las ramas de los abetos que el viento agitaba suavemente, allí donde un atajo conocido como el Camino de los Abedules llegaba al camino real. Jane había ido a pasar la tarde con Ana, quien la acompañaba parte del camino de regreso; junto a la cerca encontraron a Gilbert y, en aquel momento, los tres estaban charlando sobre el funesto mañana, pues ese mañana era el primero de septiembre y comenzaban las clases. Jane iría a Newbridge y Gilbert a White Sands.
—Tenéis una ventaja sobre mí —suspiró Ana—. Enseñaréis a niños que no os conocen, pero yo tengo por alumnos a mis propios condiscípulos y la señora Lynde dice que tiene miedo de que no me respeten como lo harían con un extraño, a menos que sea muy severa desde el comienzo. ¡Oh, me parece una responsabilidad tan grande!
