Ana la de Ingleside

Ana la de Ingleside

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

10

Walter bajó la escalera y salió. Ingleside yacía en la extraña luz sin tiempo del alba. El cielo, por encima de los abedules del Pozo, arrojaba un débil resplandor entre rosado y plateado. Tal vez pudiera entrar por la puerta lateral. A veces Susan la dejaba abierta para papá.

La puerta lateral estaba abierta. Con un sollozo de agradecimiento, Walter entró en la sala. Todavía estaba oscuro en la casa, y comenzó a subir silenciosamente la escalera. Se iría a la cama, a su propia cama, y si nadie volvía jamás, moriría allí y se iría al cielo y encontraría a mamá. Sólo que… Walter recordó lo que le había dicho Opal: que el cielo quedaba a millones de kilómetros de distancia. Ante la nueva oleada de desolación que lo inundó, Walter olvidó caminar con cuidado y pisó con todo el peso del cuerpo la cola de Camarón, que dormía en el recodo de la escalera. El maullido de dolor de Camarón resonó en toda la casa.

Susan, que estaba quedándose dormida, fue arrancada del adormecimiento por el horrible aullido. Susan había ido a acostarse a las doce, algo exhausta luego de una tarde agotadora, a la cual Mary María Blythe había contribuido al quejarse «una puntada en el costado» justo cuando la tensión era mayor. Hubo que darle una bolsa de agua caliente y hacerle masajes con linimento, y terminó con un paño húmedo sobre los ojos porque «le había venido uno de sus dolores de cabeza».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker