Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —SÃ, asà es. Lo adora. Él es un hombre muy agradable cuando se sale con la suya en todo. Pero tendrÃa que tener más sentido común con respecto al casamiento de Stella. Tiene que saber que no va a vivir toda la vida… aunque si una lo oye hablar, dirÃa que sÃ. No es viejo, claro, se casó muy joven. Pero viene de una familia propensa a los ataques. ¿Y qué harÃa Stella después de que él se vaya? Marchitarse, supongo.
Susan levantó la mirada de la intricada rosa de su tejido lo suficiente como para decir, decidida:
—Yo no estoy de acuerdo con que los viejos les estropeen la vida a los jóvenes de esa manera.
—Tal vez si Stella de verdad se enamorara de un hombre, las objeciones del padre podrÃan no importarle demasiado.
—Ahà es donde te equivocas, querida Ana. Stella no se casarÃa con nadie que no le gustara a su padre. Y hay otra persona a la que le van a estropear la vida: el sobrino de Marshall, Alden Churchill. Mary está decidida a que el muchacho no se case mientras ella pueda retenerlo a su lado. Ella es más dÃscola que Richard… si fuera una veleta señalarÃa el norte cuando el viento viene del sur. La propiedad es de ella hasta que Alden se case, entonces pasará a él. Cada vez que él ha comenzado a cortejar a una muchacha, ella de alguna manera se las ha ingeniado para ponerle punto final al asunto.