Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —«Ha llegado el momento —dijo la Morsa—, de hablar de… tener un perro» —dijo Gilbert.
No habÃan tenido perro en Ingleside desde que el viejo Rex habÃa sido envenenado, pero los niños tienen que tener un perro y el doctor decidió traerles uno. Pero estuvo tan ocupado ese otoño, que lo pospuso una y otra vez hasta que al final, un dÃa de noviembre, Jem llegó de pasar la tarde con un compañero de clase, con un perro… un cachorrito amarillento con dos orejitas negras muy tiesas.
—Me lo dio Joe Reese, mamá. Se llama Gyp. ¿No tiene una cola preciosa? Puedo quedármelo, ¿verdad, mamá?
—¿De qué raza es, querido? —preguntó Ana, vacilante.
—Creo… creo que es de una cantidad de razas —dijo Jem—. Eso lo hace más interesante, ¿no te parece, mamá? Más divertido que si fuera de una sola raza. Por favor, mamá.
—Ah, si tu padre dice que sÃ…
