Ana la de Ingleside

Ana la de Ingleside

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19

No era fácil ganar dinero en Glen, pero Jem puso manos a la obra con determinación. Hizo trompos para los chicos de la escuela con carretes viejos y los vendió a dos centavos cada uno. Vendió tres valiosos dientes de leche por tres centavos. Todos los domingos le vendía su porción de pastel crujiente de manzana a Bertie Shakespeare Drew. Todas las noches guardaba lo que había ganado en un cerdito de hojalata que le había regalado Nan para Navidad. Era una hucha muy bonita y reluciente, con una ranura para meter las monedas. Cuando se habían metido cincuenta monedas, la hucha se abría sola, suavemente; bastaba retorcerle la cola y devolvía el tesoro. Para juntar los últimos ocho centavos, Jem le vendió a Mac Reese su ristra de huevos de pájaros. Era la mejor ristra de todo Glen, y le dolió un poquito perderla. Pero se acercaba la fecha del cumpleaños y tenía que conseguir el dinero. Apenas le pagó Mac los ocho centavos, los metió en el cerdito, y lo contempló, exultante.

—Retuércele la cola a ver si es verdad que se abre —dijo Mac, que no creía que se abriera. Pero Jem se negó; no lo abriría si no era para ir a buscar el collar.


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