Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside «¿Y si Dios se olvidaba de hacer salir el sol?». El pensamiento era tan espantoso, que Jem ocultó la cara en la manta para apartarlo, y asà lo encontró Susan, profundamente dormido, cuando regresó a casa a la intensa luz anaranjada de un amanecer de invierno.
—¡Pequeño Jem!
Jem se estiró y se incorporó, bostezando. HabÃa sido una noche atareada para el Platero Escarcha y los bosques parecÃan el paÃs de las hadas. Una colina lejana estaba coronada por una torre roja. Todos los campos blancos más allá de Glen se veÃan de un hermoso color rosáceo. Era la mañana del cumpleaños de mamá.
—Te estaba esperando, Susan… para decirte que me llamaras… pero no viniste.
—Fui a ver a la familia de John Warren, porque murió la tÃa y me pidieron que fuera a velarla —explicó Susan, muy animada—. No me imaginé que estarÃas intentando pillar una neumonÃa apenas te vuelvo la espalda. Rapidito a la cama, que te llamaré apenas se levante tu madre.
—Susan, ¿cómo haces para apuñalar a un cocodrilo? —quiso saber Jem antes de subir.
—Yo no los apuñalo —respondió Susan.
Mamá se habÃa levantado cuando él fue a su dormitorio, y estaba cepillándose los largos y sedosos cabellos frente al espejo. ¡Qué ojos puso cuando vio el collar!