Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Ah, yo puedo contárselo todo… siempre y cuando no quiera saber el color de sus ojos. ¿Sabe, señora Blythe, que Seraphine y yo estábamos charlando de esto y lo otro después del funeral, y yo no pude decir de qué color tenÃa los ojos, después de vivir con él durante treinta y cinco años? Eran suaves y como soñadores, eso sÃ. Me miraba con una mirada tan seductora cuando me cortejaba. Le fue muy difÃcil conquistarme, señora Blythe. Estuvo loco por mà durante años. Yo era muy arrogante entonces y estaba decidida a elegir con mucho cuidado. La historia de mi vida podrÃa resultarle muy emocionante si alguna vez se le termina el material, señora Blythe. Ah, pero esos dÃas ya se fueron. TenÃa más enamorados de los que pueda imaginar. Pero venÃan y se iban… y Anthony seguÃa viniendo. Era bastante guapo, además… tan esbelto. Yo nunca soporté a los hombres gordos, y él estaba bastante más encumbrado socialmente que yo, serÃa la última en negarlo. «Para una Plummer, será ascender un buen escalón casarse con un Mitchell», decÃa mi madre. Yo era una Plummer, señora Blythe, hija de John A. Plummer. Y me decÃa unos piropos tan románticos, señora Blythe. Una vez me dijo que yo tenÃa el encanto etéreo de la luz de la luna. Yo supe que era algo bonito, aunque hasta el dÃa de hoy no sé lo que quiere decir «etéreo». Pensaba buscarlo en el diccionario pero nunca lo hice. Bien, la cuestión es que al final le di mi palabra de honor de que serÃa su esposa. Es decir… le dije que lo aceptaba. Si me hubiera visto con mi traje de novia, señora Blythe. Todos dijeron que parecÃa un cuadro. Delgada como una trucha y con los cabellos dorados como el oro, y una piel… Ah, el tiempo hace estragos en nosotros. A usted todavÃa no le ha llegado, señora Blythe. Usted es todavÃa muy bonita y además muy educada. Pero no todas podemos ser inteligentes… algunas tenemos que dedicarnos a cocinar. Ese vestido que tiene puesto es precioso, señora Blythe. Usted nunca se pone negro, ¿no?, hace bien, ya tendrá oportunidad de usarlo en breve. Déjelo para cuando no le quede más remedio. Ah, ¿dónde estaba?