Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Don Petirrojo regresó cuando Ingleside y el valle del Arco Iris volvieron a arder con las verdes y elusivas llamaradas de la primavera, y trajo a una novia con él. Los dos construyeron un nido en el manzano de Walter, y Don Petirrojo retomó todos sus antiguos hábitos, pero su novia era más tÃmida o menos osada y no dejaba que nadie se le acercara. Susan pensó que el regreso de Don Petirrojo era un verdadero milagro, y esa misma noche le escribió a Rebecca Dew para contárselo.
En el pequeño teatro de la vida de Ingleside, el proyector de luz cambiaba de vez en cuando, y caÃa ya sobre éste, ya sobre aquél. HabÃan pasado todo el invierno sin que a nadie le sucediera nada fuera de lo común, y en junio le tocó el turno a Di de tener una aventura.
Una nueva niña habÃa comenzado a ir a la escuela… una niña que, cuando la maestra le preguntó el nombre, dijo: «Yo soy Jenny Penny», como quien dijera: «Yo soy la Reina Isabel» o «Yo soy Helena de Troya». Apenas lo dijo, todas sintieron que no haber conocido a Jenny Penny la convertÃa a una en un don nadie, y que no ser objeto de la condescendencia de Jenny Penny significaba que una sencillamente no existÃa. Al menos, eso sintió Diana Blythe, aunque no podrÃa haberlo expresado con esas palabras.
