Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Fue peor después de la cena. Antes de cenar, ella y Jenny habÃan estado solas. Ahora habÃa una multitud. George Andrew la agarró de la mano y la hizo pasar por un charco con barro antes de que ella pudiera escapársele. A Di jamás en toda la vida la habÃan tratado asÃ. Jem y Walter se burlaban de ella, y Ken Ford también, pero ella nunca habÃa conocido chicos como éstos. Curt le ofreció un pedazo de goma de mascar, recién sacado de su boca, y se enfureció cuando ella lo rechazó.
—¡Te voy a poner encima un ratón vivo! —gritó—. ¡Odiosa! ¡EngreÃda! ¡Y con un hermano maricón!
—¡Walter no es ningún maricón! —dijo Di. Estaba enferma de miedo pero no iba a permitir que insultaran a Walter.
—Sà que lo es, escribe poesÃa. ¿Sabes lo que harÃa yo, si tuviera un hermano que escribiera poesÃa? Lo ahogarÃa, como se ahoga a los gatos.
—Hablando de gatos, hay muchos gatitos en el granero —dijo Jen—. Vamos a cazarlos.
Di sencillamente se negó a ir a cazar gatos con esos chicos, y se lo dijo.
—En casa tenemos muchos gatos. Tenemos once —dijo, orgullosa.
