Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Yo sé algo que tú no sabes, que tú no sabes, que tú no sabes… —canturreaba Dovie Johnson, balanceándose a un lado y otro, al borde mismo del muelle.
Ahora le tocaba el turno a Nan de ser iluminada por el reflector, era el turno de Nan de agregar una historia a los «¿te acuerdas de…?» de los años posteriores a Ingleside. Aunque hasta el dÃa de su muerte, Nan se ruborizarÃa cada vez que se lo recordaran. HabÃa sido tan tonta…
Nan se estremecÃa de miedo al ver a Dovie balanceándose asÃ… aunque también la fascinaba. Estaba segura de que Dovie se caerÃa en algún momento, ¿y entonces, qué? Pero Dovie no se caÃa nunca. Nunca le falló la buena suerte.
A Nan la fascinaban todas las cosas que Dovie hacÃa, o decÃa que hacÃa (las cuales podÃan ser, tal vez, cosas diferentes, pero Nan, criada en Ingleside, donde nadie decÃa nada que no fuera la verdad —ni siquiera bromeando— era demasiado inocente y crédula para saberlo). Dovie, que tenÃa once años y habÃa vivido toda su vida en Charlottetown, sabÃa mucho más que Nan, que tenÃa apenas ocho. Charlottetown, decÃa Dovie, era el único lugar donde la gente sabÃa algo. ¿Qué puede saber una persona encerrada en un pueblecito rural como Glen St. Mary?
