Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —De modo que las señoras de la Asociación de Beneficencia van a tener su sesión de costura en Ingleside —dijo el doctor—. Prepare todos sus mejores platos, Susan, y traiga muchas escobas para barrer después los fragmentos de las buenas reputaciones.
Susan sonrió con condescendencia, como mujer tolerante de la poca comprensión masculina respecto a las cosas vitales, pero no tenÃa ganas de sonreÃr… al menos hasta que no se hubiera decidido todo lo concerniente a la comida de la Asociación de Beneficencia.
—Pastel de pollo caliente —siguió murmurando—, puré de patatas y crema de guisantes para el plato principal. Y será una excelente oportunidad para estrenar el nuevo mantel de encaje, mi querida señora. En Glen nunca se ha visto algo parecido y seguro que causará sensación. AnsÃo ver la cara de Annabel Clow cuando lo vea. ¿Va a poner también la cesta azul y plata para las flores?
—SÃ, llena de pensamientos y helechos amarillos verdosos del bosque de arces. Y quiero que ponga cerca esos tres magnÃficos geranios suyos en algún lugar… en la sala, si nos instalamos a coser allÃ, o junto a la baranda de la galerÃa, si no hace frÃo y podemos trabajar fuera. Me alegro de que nos queden tantas flores. El jardÃn nunca ha estado tan hermoso como este verano, Susan. Pero todos los otoños digo lo mismo, ¿no?
