Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Susan no explicó para quién era una advertencia y no se dijo nada más, pues nadie en Ingleside estaba demasiado interesado en Thomasine Fair. Pero Nan, que se habÃa cansado un poco de sus antiguas vidas de ensoñación y ansiaba algo nuevo, se apropió de Thomasine Fair en la CASA TENEBROSA. Poco a poco, dÃa tras dÃa, noche a noche (una puede creer en cualquier cosa de noche), armó una leyenda sobre ella hasta que todo resurgió irreconocible y fue para Nan un sueño más querido que ningún otro hasta ese momento. Nada antes habÃa parecido jamás tan fascinante, tan real, como esta visión de la Dama de los ojos misteriosos. Grandes y aterciopelados ojos negros, ojos hundidos, ojos embrujados, llenos de remordimiento por los corazones que habÃa roto. Ojos malvados, pues cualquiera que rompÃa corazones y que además no iba nunca a la iglesia tenÃa que ser malvado. Las personas malvadas eran tan interesantes… La Dama huÃa del mundo como penitencia por sus crÃmenes.