Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Diana estaba plena de dicha. Después de todo, mamá no estaba celosa, mamá no era posesiva, mamá sà la comprendÃa.
Mamá y papá se iban a Avonlea a pasar el fin de semana y mamá le habÃa dicho que podÃa invitar a Delilah Green a pasar el dÃa y la noche del sábado en Ingleside.
—Vi a Delilah en el picnic de la escuela dominical —le dijo Ana a Susan—. Es una criatura bonita y toda una señorita, aunque por supuesto que debe de exagerar. Tal vez la madrastra sea un poquito exigente con ella, y oà decir que el padre es adusto y severo. Probablemente ella crea tener razones para quejarse y le gusta dramatizar para ganarse la simpatÃa de los demás.
Susan tenÃa sus dudas.
—Pero al menos, cualquiera que viva en la casa de Laura Green será limpio —reflexionó. No habÃa lugar aquà para peines de dientes finos.
Diana estaba llena de planes para agasajar a Delilah.
—¿Podemos comer pollo asado, Susan, con mucho relleno? No sabes lo que ansÃa esa pobre niña comer un poco de pastel… En su casa nunca hacen; la madrastra es muy mezquina.
