Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Por lo común, a Walter le gustaba salir a pasear con su padre. Amaba la belleza, y los caminos de los alrededores de Glen St. Mary eran hermosos. El camino a Lowbridge era una cinta doble de botones de oro danzarines con uno que otro borde de verdes helechos que delimitaban bosquecillos. Pero hoy papá no parecía tener muchas ganas de charlar y condujo a Grey Tom como Walter no recordaba que lo hubiera conducido antes. Cuando llegaron a Lowbridge, le dijo unas pocas palabras en privado a la señora Parker y se fue sin despedirse de Walter. A Walter otra vez le fue muy difícil contener las lágrimas. Era demasiado evidente que nadie lo quería. Antes mamá y papá lo habían querido, pero ya no.
