Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Me pregunto cĂłmo se vivirĂa en un mundo donde siempre fuera junio —dijo Ana, que volvĂa de la fragante huerta envuelta en el crepĂşsculo, mientras se detenĂa junto a Marilla y la señora Lynde, que se hallaba comentando el funeral de la señora Coates, al que habĂan asistido ese dĂa. Dora, sentada entre ellas, estudiaba concienzudamente sus lecciones, pero Davy se habĂa echado en el cĂ©sped y aparentaba gran tristeza y depresiĂłn.
—Te cansarĂas de ese mundo —respondiĂł Marilla.
—Quizá, pero creo que tardarĂa mucho en aburrirme si todo fuera tan encantador como hoy. ¡Todo respira amor en junio! Davy, Âżpor quĂ© ese melancĂłlico rostro de noviembre en esta Ă©poca de flores?
—Simplemente porque estoy cansado de vivir —fue la pesimista respuesta.
—¿A los diez años? ¡Vaya, qué pena!
—No bromeo —dijo Davy con dignidad—. Estoy des… deprimido —soltó la palabra con un gran esfuerzo.
—¿Cómo y por qué? —preguntó Ana sentándose a su lado.
