Ana la de La Isla

Ana la de La Isla

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CAPÍTULO CINCO Cartas del hogar

Durante las tres semanas siguientes Ana y Priscilla continuaron sintiéndose forasteras. Luego, en un instante, la vida, que hasta aquel momento parecía compuesta de fragmentos inconexos, se convirtió en un todo homogéneo, que abarcaba a Redmond, profesores, clases, estudiantes, compañeras y obligaciones sociales. Los «novatos» abandonaron su inicial aislamiento y fundaron su propio grupo, con su espíritu, intereses, antipatías y ambiciones exclusivas. Triunfaron en el Torneo Anual de las Artes sobre los estudiantes de segundo año y desde entonces ganaron el respeto de todos los demás cursos y una enorme confianza en sus propios méritos. Durante tres años los de segundo habían ganado el torneo y el hecho de que ese año la victoria hubiera correspondido a los «novatos» se atribuyó a la hábil estrategia de Gilbert Blythe, que dirigió la campaña e ideó nuevas tácticas que desconcertaron a los mayores y facilitaron el triunfo de los «novatos». Como recompensa de sus méritos fue elegido presidente del curso, cargo de responsabilidad y honor (por lo menos desde el punto de vista de un «novato»), y codiciado por muchos. También fue invitado a ingresar en los «Lambs», como llamaban allí a la Fraternidad de Estudiantes Lamba Theta, proposición que muy rara vez se hacía a un «novato». Como prueba preparatoria recibió la orden de desfilar durante todo un día por las principales calles de Kingsport llevando una pamela y un enorme delantal de cocina de percal floreado. Cumplió su tarea con buen humor, quitándose la pamela con graciosa cortesía ante las damas conocidas. Charlie Sloane, que no había sido invitado por los «Lambs», dijo a Ana que no podía imaginar cómo Gilbert había hecho eso y que él nunca podría humillarse así.


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