Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Tiene ante sà a una persona completamente feliz, Marilla —anunció—. Soy totalmente feliz, a pesar de mis cabellos rojos. En estos momentos, tengo un alma por encima de los cabellos rojos. La señora Barry me besó, lloró y dijo que lo sentÃa mucho y que nunca me lo podrÃa pagar. Me sentà horriblemente embarazada, Marilla, pero le dije lo más gentilmente que pude: «No le guardo rencor, señora Barry. Le aseguro de una vez por todas que no tuve intención de intoxicar a Diana y que, por lo tanto, cubriré el pasado con el manto del olvido». Ésa fue una forma bastante digna de hablar, ¿no es cierto, Marilla? Diana y yo pasamos una tarde preciosa. Diana me enseñó un lindo tejido de crochet que aprendiera de su tÃa de Carmody. Ni un alma lo sabe en Avonlea fuera de nosotras y juramos solemnemente no revelárselo a nadie más. Diana me dio una hermosa postal con una guirnalda de rosas y un poema:
Si me amas tanto como yo a ti, Sólo la muerte nos puede separar.