Ana la de Tejas Verdes

Ana la de Tejas Verdes

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—Compadezco tanto a la gente que vive en hogares donde no hay flores —dijo Ana—. Diana dice que quizá tienen cosas mejores, pero no creo que pueda haber nada superior, ¿no es así, Marilla? Diana dice que si no saben cómo son, no las echarán de menos. Pero yo pienso que eso es lo más triste de todo. Me parece que sería trágico, Marilla, no saber cómo son las flores y no echarlas de menos. ¿Sabe usted qué pienso que son las flores de mayo? Pues las almas de las flores que murieron el verano pasado, y que ése es su cielo. Hoy tuvimos un día espléndido, Marilla. Almorzamos junto a un gran pozo; un lugar muy romántico. Charlie Sloane desafió a Arty Gillis a que saltara, y éste lo hizo para no rehuir el reto. Nadie lo rehuiría en el colegio. Queda muy bien aceptar desafíos. El señor Phillips le dio a Prissy Andrews todas las flores que recogió y le oí decir que eran «flores para una flor». Sé que lo sacó de un libro, pero demuestra que tiene algo de imaginación. También a mí me ofrecieron algunas flores, pero las rechacé enfadada. No le puedo decir el nombre de quién las ofreció, porque he prometido que nunca cruce mis labios. Hicimos guirnaldas de flores y las pusimos en nuestros sombreros, y cuando llegó el momento de regresar, marchamos en procesión por el camino, de dos en dos, con nuestros, ramos y guirnaldas, cantando «Mi hogar en la montaña». Oh, fue tan bonito, Marilla. Todos los parientes del señor Sloane salieron a vernos, y los que se cruzaban con nosotros en el camino se detenían a contemplarnos. Causamos verdadera sensación.


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