Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —La escribí el lunes pasado por la noche. Se llama «La rival celosa, o juntos en la muerte». La leí a Marilla y dijo que era pura tontería. Entonces se la leí a Matthew y dijo que era muy bonita. Ésa es la clase de crítica que me gusta. Es una historia triste y dulce. Lloraba como una criatura mientras la escribía. Habla de dos hermosas doncellas, llamadas Cordelia Montmorency y Geraldine Seymour, que vivían en el mismo pueblo y se profesaban devota amistad. Cordelia era una hermosa morena con una guirnalda de cabellos negros y oscuros ojos relampagueantes. Geraldine, una magnífica rubia con el cabello como oro batido y ojos púrpura aterciopelados.
—Nunca vi a nadie con ojos púrpura —dijo Diana, dubitativa.
—Yo tampoco, pero los imagino. Quería algo fuera de lo común. Geraldine también poseía una frente de alabastro. He descubierto qué es una frente de alabastro. Es una de las ventajas de tener trece años. Se sabe mucho más que a los once.
—Bueno, ¿qué fue de Cordelia y Geraldine? —preguntó Diana, que empezaba a interesarse en su suerte.