Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —No voy a pensarlo hasta saber si iré o no —dijo Ana, resuelta—. Si lo hiciera y luego me desilusionara, no lo podrÃa resistir. Pero si voy, me gustarÃa tener listo el abrigo nuevo. Marilla no creÃa que yo necesitara uno nuevo. DecÃa que el viejo puede servir otro invierno y que me debo conformar con tener un vestido nuevo. El vestido es muy bonito, Diana, azul marino y muy a la moda. Marilla me hace ahora todos los vestidos a la moda, pues no quiere que Matthew vaya a la señora Lynde para que los cosa. Estoy muy contenta. Es muchÃsimo más fácil ser buena cuando las ropas están a la moda. Por lo menos, es más fácil para mÃ. Supongo que esa diferencia no existe para las gentes naturalmente buenas. Pero Matthew dijo que yo debÃa tener un abrigo nuevo, de manera que Marilla compró un hermoso corte de paño fino azul y me lo está cosiendo una verdadera modista de Carmody. Estará listo para el sábado por la noche y trato de no imaginarme caminando por el atrio de la iglesia con mi nuevo vestido y mi gorro, porque temo que no esté bien imaginar esas cosas; pero se me deslizan en la mente a pesar mÃo. Mi gorro también es muy bonito. Matthew me lo compró el dÃa que fuimos a Carmody. Es uno de esos de terciopelo azul que hacen furor, con cordones dorados y borlas. Tu nuevo sombrero es muy elegante, Diana, y te queda muy bien. Cuando te vi entrar en la iglesia el domingo pasado, me sentà muy orgullosa de que fueras mi amiga. ¿Crees que está mal esto de pensar tanto en nuestras ropas? Marilla dice que es pecaminoso. Pero es un tema tan interesante, ¿no es asÃ?