Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —SÃ, creo que sà —dijo Marilla secamente—. Lo ha probado en infinidad de sermones extraoficiales. Nadie tiene muchas oportunidades de cometer equivocaciones en Avonlea con Rachel Lynde vigilando.
—Marilla —dijo Ana confidencialmente—, quiero contarle algo y conocer su opinión al respecto. Me preocupa terriblemente, sobre todo los domingos por la tarde cuando pienso sobre estos asuntos. Realmente quiero ser buena, y cuando estoy con usted, con la señora Alian o la señorita Stacy, lo deseo más aún y quiero sólo hacer las cosas que ustedes aprobarÃan. Pero generalmente, cuando me encuentro con la señora Lynde, me siento desesperadamente mala y deseo hacer justamente lo que ella dice que no debo. Siento una tentación irresistible. Ahora bien, ¿por qué le parece que me sentiré asÃ? ¿Cree usted que es porque soy realmente mala y que no puedo regenerarme?
Marilla pareció dudar un instante y luego se echó a reÃr.