Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —No, le aseguro que no. Todo lo que dijo podÃa adaptarse a cualquiera. Yo no tenÃa una idea real de su apariencia. Pero tan pronto como la vi, sentà que era mi hogar. Oh, me parece como si estuviera soñando. ¿Sabe usted?, debo tener el brazo amoratado desde el codo hasta el hombro, pues tenÃa la horrible sensación de estar soñando. Asà que me pellizcaba para ver si era verdad, hasta que de pronto recordaba que, aun suponiendo que fuera un sueño, serÃa mejor seguir soñando cuanto fuera posible; de manera que no me pellizcaba más. Pero esto es verdad, y estamos por llegar a casa.