Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —¿Me pongo las perlas? —preguntó Ana—. Matthew me trajo un collar de la ciudad la semana pasada y sé que le gustarÃa vérmelo puesto.
Diana frunció los labios, inclinó la cabeza con aire crÃtico y finalmente se pronunció en favor de las perlas.
—¡Hay algo tan estilizado en ti, Ana! —dijo Diana con admiración exenta de toda envidia—. ¡Tienes un porte tan especial! Supongo que es por tu figura. Yo soy regordeta. Siempre temà llegar a serlo y ahora sé que es asÃ. Bueno, supongo que tendré que resignarme.
—Pero si tienes hoyuelos —sonrió Ana afectuosamente al vivo y bonito rostro que se encontraba cerca del suyo—. Hoyuelos maravillosos como pequeñas abolladuras en la crema. Yo he perdido todas las esperanzas de tenerlos. Mi sueño de hoyuelos nunca será una realidad; pero tantos otros se han cumplido, que no debo quejarme. ¿Ya estoy lista?
—Completamente —aseguró Diana en el instante en que Marilla apareció en la puerta; una figura delgada con más cabellos grises que en otros tiempos, pero con un rostro mucho más tierno—. Venga y observe a nuestra declamadora, Marilla. ¿No está encantadora?
Marilla emitió un sonido mezcla de bufido y gruñido.