Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes La mañana en que serían colocados los resultados de todos los exámenes en los tableros de informes de la Academia, Ana y Jane caminaban juntas por la calle. Jane estaba feliz y sonriente; los exámenes habían pasado y estaba casi segura de haber aprobado. Su mente no se hallaba turbada por otras consideraciones; no tenía más ambiciones y, consecuentemente, no se sentía inquieta. En este mundo pagamos un precio por todo cuanto conseguimos y, aunque vale la pena tener ambiciones, éstas no se alcanzan con facilidad, sino que exigen su precio en trabajo, abnegación, ansiedad y descorazonamiento. Ana estaba pálida y callada; dentro de diez minutos sabría quién había ganado la medalla y quién la beca. En aquel instante parecía no haber nada más allá de esos diez minutos.
—Seguro que ganarás una de las dos cosas —dijo Jane, que no podía entender que el cuerpo de profesores pudiera ser tan poco leal para disponer otra cosa.
