Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Vino el doctor Spencer mientras tú no estabas —dijo Marilla—. Dijo que el especialista estará mañana en la ciudad e insistió en que debo ir a hacerme examinar los ojos. Creo que será mejor que lo haga. Le estaré más que agradecida si puede darme los anteojos que convengan a mis ojos. No te importarÃa quedarte sola, ¿verdad? Martin tendrá que llevarme y hay que planchar y hacer pan.
—Estaré bien. Diana vendrá a hacerme compañÃa. Me encargaré de planchar y de hornear; no tiene que preocuparse de que le almidone los pañuelos o sazone con linimento.
Marilla rió.
—Eras especial para meter la pata en aquellos tiempos, Ana. Siempre te estabas metiendo en camisa de once varas. Yo pensaba que estabas posesa. ¿Recuerdas cuando te teñiste el pelo?