Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —No deseo compañÃa alguna —dijo Marilla prestamente—. Y no voy a quedarme con ella.
—Bueno, se hará como tú dices, por supuesto, Marilla —dijo Matthew incorporándose y guardando su pipa—. Me voy a dormir.
Y a dormir se fue Matthew. Y cuando hubo terminado con los platos, a dormir se fue Marilla, con el ceño resueltamente fruncido. Y arriba, bajo el tejado del este, una solitaria y desamparada criatura lloró hasta ser vencida por el sueño.