Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Creo que será mejor que gobiernes esa imaginación tuya, si es que no puedes distinguir entre lo que es real y lo que no —dijo Marilla—. SÃ, me has oÃdo decir eso y nada más. No está decidido y quizá resolvamos que la señora Blewett se quede contigo. Con toda seguridad que ella te necesita mucho más que yo.
—VolverÃa al asilo antes de vivir con ella —dijo apasionadamente la chiquilla—. Parece exactamente… una arpÃa.
Marilla escondió una sonrisa ante la seguridad de que Ana debÃa ser reprendida por tal palabra.
—Una niña como tú deberÃa avergonzarse de referirse asà a una señora desconocida —dijo severamente—. Vuelve, siéntate correctamente, cállate y pórtate como una niña buena.
—Trataré de hacerlo si se queda usted conmigo —dijo Ana volviendo dócilmente a su otomana.
Cuando volvieron a «Tejas Verdes» Matthew se les unió en el sendero. Desde lejos, Marilla le vio caminar hacia allà y se puso a pensar en el motivo. Estaba preparada para el alivio que verÃa en su cara cuando viera que por lo menos volvÃa con Ana. Pero no le dijo nada del asunto hasta que estuvieron tras el establo, ordeñando las vacas. Allà le relató suavemente la historia de Ana y la entrevista con la señora Spencer.
—Yo no le darÃa ni un perro a esa señora Blewett —dijo Matthew con inusitado vigor.