Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos La historia de Leslie Moore
—SÃ, el octavo hijo llegó hace quince dÃas —dijo la señorita Cornelia, sentada en una hamaca junto al fuego, una frÃa tarde de octubre—. Es una niña. Fred estaba furioso; dice que querÃa un varón, cuando la verdad es que no querÃa ninguna de las dos cosas. Si hubiera sido un varón, se habrÃa puesto furioso porque no era una niña. Tienen cuatro niñas y tres varones, asà que no creo que hubiera habido mucha diferencia en lo que fuese éste, aunque, claro, él tenÃa que ponerse antipático, tÃpico de los hombres. La criatura es preciosa, sobre todo vestida con su bonita ropa. Tiene los ojos negros y unas manitas preciosas.
—Tengo que ir a verla. Me encantan los bebés —dijo Ana, sonriendo para sus adentros por un pensamiento demasiado Ãntimo para ser expresado en palabras.
—Yo digo que son guapos —dijo la señorita Cornelia—. Pero alguna gente parece tener más de los necesarios, créeme. Mi pobre prima Flora, de Glen, tuvo once, ¡y es una esclava! El marido se suicidó hace tres años. ¡TÃpico de los hombres!
—¿Qué lo llevó a eso? —preguntó Ana, impresionada.
