Ana y la casa de sus suenos

Ana y la casa de sus suenos

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—Bien, será mejor que comience por el principio y te cuente todo para que puedas entenderlo. Como te decía, el padre de Leslie se llamaba Frank West. Era hábil y perezoso… típico de los hombres. Claro que tenía mucha cabeza, ¡pero para lo que le sirvió! Empezó a estudiar; lo hizo durante dos años, pero entonces se puso enfermo. Los West tienen todos predisposición a la tisis. Y así fue como Frank volvió a casa y se dedicó a la tierra. Se casó con Rose Elliott, que vivía al otro lado del puerto. Rose era tenida por la belleza de Cuatro Vientos. Leslie ha heredado su belleza de la madre, aunque tiene diez veces más espíritu y bríos que Rose, y mucho mejor cuerpo. Ahora bien, tú sabes, Ana, que yo siempre afirmo que las mujeres debemos ayudarnos entre nosotras. Ya tenemos suficiente con soportar a los hombres, el Señor bien lo sabe, por eso creo que no debemos sacarnos los ojos las unas a las otras y es difícil que me sorprendas criticando a otra mujer. Pero Rose Elliott nunca me gustó. Para empezar, era una malcriada, créeme, y no era más que una muchacha holgazana, egoísta y quejica. Frank no era un trabajador ejemplar de manera que eran pobres como ratas. ¡Pobres! Vivían a base de patatas y nada más, créeme. Tuvieron dos hijos: Leslie y Kenneth. Leslie tenía el físico de la madre, la inteligencia del padre y algo más que no heredó de ninguno de los dos. Salió a la abuela West, una anciana espléndida. De niña, Ana, era inteligente, buena y alegre. Todos la querían. Era la preferida del padre y ella lo adoraba. Eran «camaradas», como decía Leslie. Ella no le veía ningún defecto y la verdad es que él era todo un seductor.


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