Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Una noche sobrecogedora
Una semana después, Ana decidió ir corriendo por el campo a hacer una visita a la casa que había arroyo arriba. Era un atardecer con una niebla gris que había llegado desde el golfo, había cubierto el puerto, llenado los valles y ahora pesaba sobre los campos otoñales. A través de la niebla, el mar sollozaba y se estremecía. Ana vio Cuatro Vientos bajo una nueva luz y lo halló extraño, misterioso y fascinante, pero también le dio sensación de soledad. Gilbert no estaba y no vendría hasta la mañana siguiente, pues había ido a una conferencia médica en Charlottetown. Ana echaba de menos una hora de charla con un amigo. El capitán Jim y la señorita Cornelia eran «buena gente», cada uno a su modo, pero la juventud clamaba por juventud.
