Ana y la casa de sus suenos

Ana y la casa de sus suenos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿No es un hombrecito precioso? —dijo el capitán Jim, arrobado—. Me gusta mucho mirar dormir a los niños, señora Blythe. Creo que es lo más bonito del mundo. A Joe le encanta quedarse a dormir aquí porque duerme conmigo. En su casa tiene que dormir con los otros dos muchachos, y no le gusta. «¿Por qué no puedo dormir con papá, tío Jim? —me pregunta—. En la Biblia todos duermen con los padres». Las preguntas que hace, ni el mismo ministro podría contestarlas. Me deja sin palabras. «Tío Jim, si yo no fuera yo, ¿quién sería?», o «Tío Jim, ¿qué pasaría si Dios se muriera?». Esta noche me disparó dos preguntas de ésas antes de irse a dormir. Tiene una gran imaginación. Inventa unas historias notables y después su madre lo encierra en un armario por inventar historias. Y él se sienta en el suelo del armario e inventa otra y la tiene lista para contársela a su madre cuando lo deja salir. Me tenía una preparada cuando llegó esta noche. «Tío Jim —me dice, solemne como una tumba—, tuve una aventura en Glen hoy». «¿Ah, sí? ¿Qué pasó?», le pregunté, esperando algo asombroso pero no tanto como lo que me contó. «Me encontré un lobo en la calle —me dice—. Un lobo enorme con una boca grande y roja y unos dientes espantosos, largos, tío Jim». Yo le digo que no sabía que hubiera lobos en Glen. «Ah, es que vino desde muy muy lejos —me dice Joe—, y yo creí que me iba a comer, tío Jim». Le pregunté: «¿Y tuviste miedo?». «No, porque yo tenía una escopeta muy grande —dice Joe—, y le disparé y lo maté, tío Jim, y entonces se fue al cielo y mordió a Dios», me dice. Caramba, me dejó perplejo, señora Blythe.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker