Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Un invierno en «Cuatro Vientos»
El invierno sentó vigorosamente sus reales después del Año Nuevo. Grandes montañas de nieve muy blanca se amontonaron alrededor de la casita y la escarcha cubrió las ventanas. El hielo del puerto se hizo más duro y grueso, hasta que la gente de Cuatro Vientos pudo, como siempre, viajar sobre él. Un gobierno benévolo marcó con arbustos los caminos seguros, y noche y día el alegre tintineo de los cascabeles de los trineos resonaba sobre ellos. En las noches de luna, Ana los oía en su casa de los sueños como si fueran campanillas de hadas. El golfo también se congeló y el faro de Cuatro Vientos dejó de alumbrar. Durante los meses en los cuales se cerraba la navegación, el puesto del capitán Jim era una bicoca.
—Segundo Oficial y yo no tendremos nada que hacer hasta la primavera, salvo mantenernos calentitos y divertirnos. El anterior encargado del faro solía irse a Glen en invierno, pero yo prefiero quedarme en la punta. En Glen, Segundo Oficial podría ser envenenado o comido por los perros. Es un poco solitario, cierto, sin la luz del faro ni el agua para hacernos compañía, pero si nuestros amigos vienen a vernos a menudo, lo soportaremos bien.
