Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos DÃas de primavera
El hielo del puerto se puso negro y quebradizo con los soles de marzo y en abril habÃa aguas azules y un golfo ventoso y cubierto de espumas blancas. Otra vez el faro de Cuatro Vientos iluminó los crepúsculos.
—Estoy tan contenta de volver a verlo —dijo Ana la primera noche de su reaparición—. Lo he echado mucho de menos durante el invierno. El cielo del noroeste me ha parecido vacÃo y solitario sin él.
La tierra estaba tierna con flamantes hojitas de un verde dorado. HabÃa una niebla color esmeralda en los bosques del otro lado de Glen. Los valles que daban al mar se llenaban de nieblas mágicas al amanecer.
Vientos vibrantes llegaban y se iban con espuma salada en el aliento. El mar reÃa, resplandecÃa, se atildaba, atraÃa, como una mujer hermosa y coqueta. Llegaron los arenques y el pueblo de pescadores despertó a la vida. El puerto estaba vivo y lleno de veleros que se dirigÃan al canal. Los barcos comenzaron a salir y a entrar otra vez.
—En un dÃa de primavera como éste —dijo Ana—, sé exactamente cómo se sentirá mi alma en la mañana de la Resurrección.
